Algo común en el ser humano antes de ser padres, es que teníamos bastante claro cómo queríamos educar.
Queríamos hablar con calma.
Sostener sin imponernos.
Poner límites sin herir.
Acompañar sin gritar.
Corregir sin romper.
…
Queríamos estar presentes.
Ser conscientes.
Educar desde nuestros valores.
…
Y luego llegó la vida real. La hos***.
Llegaron las noches cortas.
El cansancio acumulado.
Las prisas.
El ruido.
Los días en los que uno no puede sostener ni su propio caos y, aun así, tiene delante a tres hijos que necesitan presencia, paciencia y dirección.
Y entonces pasó.
Respondimos como juramos que no responderíamos.
Saltamos donde queríamos comprender.
Corregimos desde el agotamiento cuando deseábamos acompañar desde la calma.
Durante mucho tiempo, eso duele.
Duele porque cuando reaccionamos así, no solemos ver solo lo que ha pasado en ese instante.
Vemos también la distancia entre el padre o la madre que soñábamos ser y la versión que apareció en ese momento.
Ahí suele aparecer la culpa.
Esa voz interna que susurra que deberíamos hacerlo mejor.
Que si realmente quisiéramos, podríamos.
Pero con el tiempo hemos entendido algo importante:
No siempre educamos como queremos.
Educamos como podemos.
Y no, esto no es una excusa.
Es una verdad incómoda.
Porque ese “como podemos” habla de nuestras herramientas reales.
De nuestro nivel de cansancio.
De nuestras heridas no revisadas.
De la mochila que traemos.
De todo aquello que todavía estamos aprendiendo a sostener.
Querer educar mejor no siempre basta.
Hace falta construir la capacidad de hacerlo.
Hace falta parar y mirarse.
Revisar automatismos.
Sanar heridas.
Aprender nuevas formas.
Volver a intentarlo.
Una y otra vez.
Los hijos necesitan padres capaces:
De revisarse.
De reconocer cuando se equivocan.
De repararse.
De crecer.
Educar como queremos no depende solo del deseo.
Depende del trabajo silencioso de convertirnos, poco a poco, en personas más capaces de sostener aquello que decimos valorar.
Quizá hoy no siempre educamos como querríamos.
Pero cada vez que nos detenemos, nos hacemos responsables y elegimos aprender, ampliamos un poco más lo que podemos.
Y tal vez ahí empieza la verdadera crianza.

💧 La dosis de hoy
No siempre educamos como queremos.
Pero siempre podemos aprender a poder mejor.
Para, evalúa y ejecuta a tu mejor versión.
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Nos seguimos leyendo, si tú quieres :-)
Una pequeña pausa.
Una dosis de calma.
Nada más. Nada menos.
💧Tu dosis, eres tú.💧
Con cariño,
Anna y Fernando | Dosis de Calma

