Hola,
Aquí, Anna y Fernando. Papás de 3 niños con vacaciones hasta principios de septiembre.
Escuchas y sientes las palabras: vacaciones, hijos, tiempo libre, calor, ... y tienes que parar más de una vez durante el día para que no te dé un microinfarto cada microsegundo ja ja ja.
Hay una escena que se repite en casi todos los hogares durante estos meses.
Tu hijo camina sin rumbo por el salón, mira los juguetes sin tocar ninguno, resopla con dramatismo y pronuncia las cuatro palabras que desatan el pánico en cualquier padre o madre:
“Me aburro. ¿Qué hago?”
En ese preciso instante, se activa un resorte automático. Sientes un pinchazo en el estómago. Una mezcla de tensión, exigencia y, cómo no, culpa.
Aparece una voz interna que te dice que deberías estar proponiendo un taller de manualidades, organizando una excursión a la playa, buscando una receta para hacer galletas juntas o, al menos, ofreciéndole una alternativa brillante.
Y si no lo haces... nos invade la sensación de estar fallando. De no estar dando “tiempo de calidad”. De ser padres aburridos o ausentes.
De repente, sin darnos cuenta, nos hemos contratado a nosotros mismos como animadores de hotel 24/7.
Pero con el tiempo, en Dosis de Calma, hemos entendido algo liberador:
El aburrimiento de tu hijo no es una emergencia que tú tengas que solucionar.
Es, en realidad, un espacio sagrado.
Durante el año escolar, la vida de los niños está hiperestructurada. Tienen horarios para levantarse, para aprender, para comer, para las extraescolares y para dormir. Apenas hay hueco para el vacío.
Por eso, cuando llega el verano y el ritmo se frena, ese vacío asusta. A ellos... y a nosotros.
Cuando tu hijo te dice que se aburre, lo que realmente te está diciendo es: “No sé qué hacer con este tiempo sin instrucciones”.
Y si salimos corriendo a llenar ese espacio con pantallas, planes organizados o entretenimiento constante, les estamos robando algo valioso. Les estamos quitando la oportunidad de aprender a sostener el vacío. De mirar hacia dentro. De descubrir qué les interesa cuando nadie les dice qué hacer.
El aburrimiento es la cuna de la creatividad y de la autonomía. Pero para que aparezca la idea, primero hay que atravesar la incomodidad del desierto.
Tu trabajo en verano no es entretenerlos cada hora del día.
Tu trabajo es sostener la incomodidad de verlos aburridos sin sentirte culpable por ello.
Está bien responder: “Es normal aburrirse a veces. Seguro que dentro de un rato se te ocurre algo”. Y volver a tu libro, a tu café, a tu descanso o a sobrevivir mientras teletrabajas.
Los niños no necesitan un parque de atracciones permanente.
Necesitan padres tranquilos que no confundan el descanso con la negligencia.
Permítete bajar los brazos. Deja que se aburran. Y confía en lo que nace después.

💧 La dosis de hoy
No eres el animador de su verano. Eres el refugio donde pueden aprender a ser.
Sostén el vacío, libera la culpa y deja que la calma haga su trabajo.
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Nos seguimos leyendo, si tú quieres :-)
Una pequeña pausa.
Una dosis de calma.
Nada más. Nada menos.
💧Tu dosis, eres tú.💧
Con cariño,
Anna y Fernando | Dosis de Calma

